Mataron a Mara y la noticia alarmó una parte de la sociedad, la otra fue indiferente y el resto la condenó. Catedráticos, rectores, políticos y cientos de civiles culpabilizaron a Mara por salir de noche, por beber, por confiar en el servicio de choferes privados, por “exceder el ejercicio de su libertad”.

En lo que va del año, tan sólo en el estado de Puebla se han reportado cerca de 249 mujeres asesinadas y/o desaparecidas. Asesinadas por la indiferencia, por el machismo, por la misoginia, siendo esta última la máxima expresión de odio hacia las mujeres.

Y en verdad México no se ha dado cuenta que nosotros la matamos, la sociedad patriarcal que no deja de mirar a las mujeres como objetos, no como sujetos activos del mundo social, siendo objetos de placer, deseo, burla y humillación no merecemos respeto, nuestra vida no tiene valor.

Es alarmante ver cada día la cantidad de mujeres que son asesinadas, que son minimizadas y aún peor condenadas por “querer comportarse como hombres” por querer sentirse seguras en un mundo donde nos enseñan a “cuidarnos” a “obedecer” a estar encerradas en nuestras casas por que sólo así estamos seguras, ¡Mentira! el hogar siempre ha sido un lugar peligroso para las mujeres, la violencia comienza ahí en casa, donde debemos enfrentarnos a una doble jornada laboral sin recibir ningún tipo de remuneración, en donde somos denigradas por no cumplir con los estándares de belleza impuestos por el machismo, en donde nuestras parejas siguen en redes sociales modelos de mujeres que denigran nuestra imagen: traseros expuestos, pechos exhibidos para ser consumidos por hombres, mismos hombres que sanciones a las mujeres que los muestras para lo que son: amamantar.

¿Y qué nos queda a las que seguimos vivas? frustración, miedo incertidumbre, por no saber si hoy regresaremos a casa, nos queda el acoso diario;  nos queda aguantarnos el calor con sudaderas, porque si usamos una falda o una blusa sin mangas y nos hostigan o violan seguro nosotras lo estábamos buscando, nos queda ver a nuestras parejas, nuestros padres consumiendo “carne” en todo espacio al que miran, ¿Qué acaso estamos ciegos? eso está alimentando a las nuevas generaciones que internalizan la normalidad de las mujeres-objetos, y continúan con una cadena que hasta ahora parece infinita, las burlas constantes al feminismo con la ignorancia, FEMINAZI, aún creen que ser feminista es odiar a los hombres, no, no se equivoquen, el feminismo busca visibilizarnos socialmente como mujeres, como seres humanos, lucha por los derechos de las mujeres y de los hombres , porque no sean condenados por sus preferencias sexuales, por la ropa que usan, porque no deben llorar, porque no deben jamás ser sensibles, lucha por una sociedad incluyente, el feminismo es necesario para tener una sociedad justa, en donde las mujeres nos sintamos seguras de viajar solas, de salir a la casa, ¿Cuándo los hombres han vivido tal incertidumbre en nuestro país, sólo por ser hombres?, ¿Cuántos hombres han sido violados por un grupo de mujeres? ,¿Cuándo los hombres han limitado su forma de vestirse por miedo al acoso? ¿Cuándo un hombre ha sido condenado al sufrir?

Alzar la voz es la primer parte para detener este desarticulador fenómeno social, estamos en siglo XXl, es momento de ser feministas, de ser incluyentes, es momento de hacer un cambio que tanta falta nos hace, escribir en las redes sociales no es suficiente. La concientización podemos hacerla todos los días; cuando dejamos de chiflarle a una mujer, cuando nos incluimos en las labores domesticas, cuando dejamos de ser sólo traseros en facebook o instagram, cuando no juzgamos a las mujeres por ser demasiado gordas o demasiado flacas, cuando decimos basta, cuando como mujeres nos enfrentamos al acosador, cuando no nos importan los prototipos sociales y nos sentimos seguras de nosotras mismas, cuando sembramos en las nuevas generaciones la semilla del respeto, cuando preferimos cultivar nuestras mentes y no nuestros cuerpos.

Es urgente cambiar nuestra cultura, es urgente unir a las minorías, es urgente dejar de ser el país con más feminicidios del mundo, es urgente transformar nuestra realidad, el cambio depende sólo de nosotros, somos la sociedad, somos la cultura, el poder transformador depende de nuestras acciones, no de nuestras palabras, no hay sentido en reproducir contenido en redes sociales, y tener un buen discurso, lo importante está en la acción social, en el día a día, no dejemos que la muerte de Mara, de Lesvy, Ana, Martha, Karla, Lucia, Nancy, Andrea, Alejandra, Daniela, Jennifer, y cientos de mujeres sea un número más, que su muerte sea un acto de conciencia, la pauta ante un despertar más humano, más justo, que su muerte no sea en vano.

Greta C. Navarro