Cerca de mis 20 años conocí un autor que me maravilló por la crudeza de sus escritos; sexo, alcohol, putas y una vida decadente envolvían las letras que narraban lo más nauseabundo y miserable de la existencia humana. Heinrich Karl Bukowski, un viejo indecente relegado por la sociedad estadounidense, nacido en Alemania,  considerado el último de los poetas malditos y asociado con la famosa generación Beat.

Cuando comencé a leerlo, no pude evitar sentirme identificada con sus escritos, no por las borracheras y la vida miserable, sino por la manera en la que él percibía el universo social: una masa de seres palurdos y superficiales, la escuela como un régimen militar que contenía su parte creativa.

En ese entonces, yo estaba cerca de concluir la universidad y leí “La senda del perdedor”, mientras avanzaba, página a página tenía la sensación de que aquel hombre se atrevió a escribir mi sentir con las palabras adecuadas, mientras cientos de cuestiones de filosofía l atravesaban mi cabeza como cuchillos punzantes: ¿Cuál es el sentido de estudiar?, ¿Voy a trabajar el resto de mi vida durante 8 hrs diarias?, ¿Tendré que despertarme a las 5 am. para tener dinero y comprar cosas que no necesito por el resto de mi existencia? Mierda, este hombre sabía lo que escribía, pensé que nunca me dejaron leerlo en la licenciatura, ¿Por qué al sector académico a donde pertenecía no les importaba hablar del señor Chinasky? La respuesta era clara y estaba en sus textos: El sistema está creado para enseñarnos a “encajar”, nadie nos enseña que la vida puede ser triste y miserable, que hay desigualdad, que nos juzgan por nuestra apariencia, que hay machismo, mismo que me llevó a tener una postura feminista ante la vida, y cuestionarme ¿Era Bukowski un machista misógino?

Si bien es cierto que este escritor me enseñó a mirar la realidad tajantemente, también es un hecho que todo el tiempo hablaba de las mujeres como putas, como objetos, sin embargo he llegado a la conclusión de que él al igual que muchos escritores y escritoras, escriben sobre su vida, sobre esa pequeña parte que conocen como realidad, y su realidad era eso PUTAS, mujeres alcohólicas y drogadictas que vendían su cuerpo por un trago, golfas sin dientes y de tetas caídas, que él desde su afinado ojo logró convertirlas en poemas, en musas llenas de amor y repulsión.

Así que respondo,  ¡ NO! El señor Bukowski no era misógino, era un ser brillante, capaz de encontrar belleza aún en las postales más abominables, sin convicción para el trabajo, pero sí para las letras, que sin estudiar formalmente, se empapó de los grandes autores para abstraer su realidad en libros catárticos que rechazaron una y otra vez hasta que tardíamente le llegó la fama; las putas de tetas firmes, y que aún con la riqueza económica que alcanzó, finalmente encontró la felicidad en un vaso de buen whisky o un Oporto, que jamás quizo dejar de ser lo era: Un alcohólico amante de las mujeres, que mostró al mundo que la sencillez de la vida se encuentra en las largas charlas contigo mismo, en follar y en beber: hedonismo puro,  que tuvo los trabajos más absurdos del sector operativo, que basta con encontrar lo amas y dejar que te mate para ser feliz.

Greta C. Navarro

bukowski

 

Heinrich Karl Bukowski (16/8/1920 – 9/3/1994)