De acuerdo con el último Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en 2010 había entre 143 mil y 862 mil trabajadoras sexuales en todo el país, cifra muy subjetiva pues en realidad muchas personas que la ejercen jamás aceptarían confesarlo a una persona desconocida que toca a su puerta para entrevistarlos.

Resultaría aún más interesante saber cuántas personas han contratado servicios sexuales por lo menos una vez en su vida, pero el tema aun en pleno siglo XXI sigue siendo tan tabú que pocos están dispuestos a decir la verdad con respecto a esta cuestión.

Pero la realidad es que en todos los tiempos los servicios sexuales han sido una constante y los han solicitado todo tipo de personas, hombres y mujeres, ricos y pobres, sanos y enfermos, jóvenes y viejos, religiosos y ateos, cultos e ignorantes.

Se dice que Franz Kafka por ejemplo, padecía el problema de no poder gozar sexualmente con las mujeres que amaba, sólo podía hacerlo con prostitutas, el colombiano García Márquez fue uno de los influenciados por la escritura de Kafka y en su libro Memorias de mis putas tristes, escribe en palabras del protagonista: “Nunca me he acostado con ninguna mujer sin pagarle, y a las pocas que no eran del oficio las convencí por la razón o por la fuerza de que recibieran la plata aunque fuera para botarla en la basura”. Quizá el buen Gabo redacto esto haciendo un homenaje a su maestro.

El consumo de prostitución es una religión laica que un muy buen  porcentaje de varones pone en práctica constantemente por múltiples razones, ya sea por placer, o solamente para reforzar su identidad como machos, la verdad es que sigue siendo frecuente ver que, como le pasaba a Kafka, los hombres aman a quien no desean y desean a quien no aman.

Estoy seguro de que no todas las personas que ejercen este oficio lo hacen porque les guste, seguramente la mayoría lo hacen por la cantidad de dinero que se puede ganar de manera rápida (no me atrevo a decir que sea fácil).

Otro caso interesante es el del mexicano Julio Ruelas, de quien siempre se ha asegurado que  además de ser un excelente artista, tenía un lado muy oscuro ya que era también un drogadicto y misógino que frecuentaba prostíbulos y tabernas  pues disfrutaba de realizar actos extremadamente perversos con prostitutas ya que nunca pudo sostener una relación “normal” con alguna mujer, irónicamente hoy en día en su tumba en el cementerio de Montparnasse en Paris, tiene esculpida en mármol una mujer desnuda que llora eternamente su partida.

Si lo queremos ver sociológicamente desde una perspectiva funcionalista, la prostitución existe porque las personas necesitan del sexo sin compromiso. “La prostitución satisface necesidades que no podrían ser atendidas fácilmente por formas más aceptables de expresión sexual como el cortejo y el matrimonio”

Es por esto que la prostitución perdura mientras que la sociedad lo requiera, al menos así lo explica la  teoría funcionalista, aportada por Talcott Parsons (1902-1977)

Si continuamos con la búsqueda de ejemplos de hombres famosos que gustaban de frecuentar a profesionales del placer, seguramente este texto sería interminable, basta con mencionar a Jaime Sabines  con su declaración, ¡Perdón!, su poema “Canonicemos a las putas”, también están los textos que Charles Bukowski dedico a las prostitutas de la ciudad de Los Ángeles en California o bien el famoso “brindis” que Rodolfo Rodríguez el torero apodado “El Pana”, enuncio en su última faena en la Monumental de México “Quiero brindar este toro, el último toro de mi vida de torero en esta plaza, a todas las daifas, mesalinas, meretrices, prostitutas, suripantas, buñis, putas, a todas aquellas que saciaron mi hambre y mitigaron mi sed cuando El Pana no era nadie, que me dieron protección y abrigo en sus pechos y en sus muslos, base de mis soledades. Que Dios las bendiga por haber amado tanto. ¡Va por ustedes!”

Nunca sabremos con exactitud cuántas personas se dedican al sexo servicio, mucho menos cuantas lo consumen o lo han consumido, lo que si les puedo asegurar es que en todo momento y en cualquier lugar, siempre encontraran a esa persona dispuesta a darles mucho placer a cambio de unas cuantas monedas.

Emmanuel Ortega.