Mi mejor amigo me invitó a participar en una pasarela de un famoso diseñador mexicano que presentaría su nueva colección en el Blackberry Center, no me pareció lo más atractivo, pero acepte por el gran amor que le tengo a mi camarada.

Nunca me ha gustado la manera en la que el sistema nos segrega por como lucimos, pero hay veces que tener la nariz pequeña y ser flaca me hace vivir experiencias impensables.

Tras una larga espera salí con un traje que sólo cubría lo más necesario de mi cuerpo, -pezones y coño- caminé como la gran estrella que no soy, mientras cientos de miradas morbosas husmeaban  mi cuerpo. Después de mi gran acto, me cambié y me fui con Jack (mi amigo) a su departamento en la Roma, seguimos bebiendo, fumamos mota mientras reíamos sin parar.

En eso estábamos cuando apareció Ale, la rommie de Jack, una niña dulce de 19 años, actriz, con sonrisa angelical y unas pequeñas tetitas duras que me hacían mirarlas constantemente, nos contó que venía de una fiesta y que jamás había probado la mariguana, tomó una cerveza y se sentó a mi lado, nos contaba que venía de un ensayo y lo enamorada que estaba de su novio, bebimos cerveza hasta desaparecer la última, continuamos con Gin, al cabo de unas horas Jack se fue a su habitación a dormir, nosotras embriagadas,  descalzas danzábamos y cantábamos en la estancia, prendí un porro y fumó conmigo.

De un instante a otro la tenía bailando frente a mi, agitando sus virginales caderas en mi rostro, sonriendo, invitándome al pecado, yo como buena mujer carnal cedí ante su coqueteo, tomó mis manos y las puso sobre su pecho, era tal cual lo había imaginado, pechos duros, pequeños y bien formados, deslicé las manos por su vientre, yo estaba sentada en el sofá, la tomé de la cintura y le di un suave beso en el abdomen, ella sonrió y me acarició los hombros, se alejó y continuó bailando hasta que la melodía terminó.

Me tomó de la mano y entramos a su habitación, el cuarto era el de una niña, con colores dulces y notitas en la pared de sus deberes, un espejo largo y su cama individual.

Me acosté y ella a mi lado, con delicadeza enredó su mano en mi cuello, acarició mi cabello y unió nuestros labios, fue un beso suave, podía sentir su aliento alcoholizado, y su pulso cada vez más agitado, el beso se hizo más fuerte, su lengua húmeda paseando por mi boca, sus dientes mordisqueando mis labios, metió su mano bajo mi blusa y comenzó a juguetear con mis pezones como toda una experta, mi excitación era incontenible, le desabroche el pantalón y como fiera en celo le clavé los dedos lo más profundo que pude, sus gemidos me calentaban más y más mientras tenía los dedos dentro le chupé la vulva, la lamía, la idea se ser la primer mujer en su vida me fascinaba, pervertirla, guiarla por los caminos de la lujuria, ella solo gemía y se retorcía

Se colocó sobre mí, clavando su mirada en mi rostro e introduciendo sus dedos en mi coño, sin sacar la mano bajaba lamiendo todo mi cuerpo, al llegar a las tetas las mordisqueo y chupó cual nene con su biberón, yo gemía de placer, llegó hasta mi clítoris, lo lamió como la gatita que es, me masturbo hasta acabar.

Me observó por unos segundos, como si estuviera guardando mi imagen para siempre en sus recuerdos, me beso tiernamente en la frente y dijo:

– Descansa hermosa, ha sido una noche estupenda.

Greta C. Navarro