Sábado por la noche y ya medio ebria, Jerry -mi mejor amigo- me habló para salir a bailar, el destino, una fiesta muy under en el centro de la ciudad, tocaría un colectivo que se caracterizaba por hacer buenas fiestas en lugares “podridos”.

Pasó por mí cerca de las 9:30 de la noche, llegamos al lugar y era realmente repugnante, había “puesteros ñeros” afuera, aún guardando sus cosas del ambulantaje, una mesa plegable en donde vendían  las pulseras de acceso, ya para entrar, un altar de la virgen de Guadalupe, ¡vaya escena!.

Ingresamos, éramos apenas diez o menos personas, estaba prácticamente  vacío el lugar, fuimos al oxxo más cercano por un par de vodkas y cigarros, jerry se comió unas tachas, yo ,medio ácido, en realidad  quería coca pero no había por ningún lado, en eso estaba cuando una escuincla* de no más de veinte años nos vendió un gramo por 350, ni siquiera me atreví a inhalarla se veía súper culera y húmeda, de inmediato se la di a Jerry para que la regresará pero la chamaca no quería, argumentaba que ya la había probado, eso me cabreo, así que fui a intervenir

  • A ver reina, el jale es para mí, y no la quiero está super hechiza y húmeda
  • No se puede porque ya la probaron
  • Te equivocas, ni ganas me dieron, así que me das mi plata pero ¡Ya!
  • Esta bien, no te pongas intensa

Así regresaron a mí unos pesos, para bajar el coraje me escurrí entre la gente con la intención de bailar, para esto el lugar comenzaba a llenarse cada vez más, el ajo ya me estaba pegando y ya me había tomado tres vodkas, así que el panorama no me parecía tan malo.

Entre el baile y la gente observé a un güey “gordillo” que se veía muy entero, así que le pregunté en donde podría armar un jale

  • Yo tengo, ven

lo seguí detrás de la barra,  se veía bonachón y medio gay así que no me dio la menor desconfianza, abrió una cortina negra y pasamos, sacó una bolsa; colocó dos montones en mi mano, uno para cada lado, me invitó una cerveza y me regaló una playera del colectivo. Regresé a bailar con toda la energía corriendo por mi cuerpo, en esas andaba cuando detrás del DJ miré una cara conocida, Omar,  era el tío de la fiesta del hemiciclo a Juárez, -ya tenía unos meses de eso- él también notó mi presencia, la ocasión pasada, cuando nos conocimos, conversamos un buen rato, ahora andaba paseando de un lado a otro, creo que esta noche él no tocaba así que al igual que el resto disfrutaba de la música, las drogas y las personas, finalmente nos acercamos:

  • ¿Me recuerdas?
  • Claro, de la última fiesta, ya no fuiste al after.
  • Pues tú, que te mamoneaste y preferí no ir
  • Es que no era mi casa
  • Será luego

seguimos bailando…

La música sonaba cada vez mejor, o tal vez estaba tan ebria y drogada que la escuchaba mejor, de cuando en cuando el gordillo de la coca, pasaba y me daba un jale, yo sólo bailaba, en eso apareció Jerry con un montón de tachas y ácidos, me comí medio ácido más.

De un momento a otro estaba con Omar, nos encontramos afuera de los baños, que por cierto eran hediondos y asquerosos, y aún así nos pareció un buen momento para besarnos, sin duda fue un muy buen beso, tanto así que la chica que vendía dulces y cigarros  nos pidió que nos moviéramos,  cual animales en celo. Sonreímos y nos reincorporamos a la fiesta, después de un rato decidí partir, Jerry manejaría, pero andaba super puesto y pedo, y yo  no sé manejar autos manuales,  le dije a Omar si quería irse conmigo, afirmó de inmediato.

Omar tomó el volante y decidió manejar, en el camino paramos a comprar cervezas y cigarros, no teníamos rumbo pero ya estábamos en el camino, mientras bebíamos y discutíamos a donde ir, ya era tarde y yo no quería after,  optamos por quedarnos en un hotel, era difícil decirnos por uno,  -a mitad de la madrugada, sobre la autopista todos parecen ser una buena opción-, Omar preguntaba

-¿En esté?

– El que sea está bien.

Nos metimos a uno a mitad de Vallejo, “El Dorado”, Jerry ya estaba mucho mejor para conducir y decidió ir  a casa.

Subimos a la habitación, lucía descuidada y vieja , sin embargo no le di importancia, comenzamos a besarnos fuerte, con lenguas amargas y mucha saliva, nuestras manos de deslizaban por el cuerpo del otro , desesperadas, curiosas, él me levanto del vestido y me arrancó las bragas, me sentó sobre el tocador de la habitación y separó mis piernas, la escena era maravillosa, veía su lengua pasear entre mis piernas decoradas por medias negras, mi sostén a medio quitar, mis manos sobre su espalda, ¡mierda! seguro las drogas influyeron en esa percepción, pero fuera cual fuera la razón en verdad se veía y sentía exquisito, era un buen chupador, me metió los dedos hasta que terminé, yo lo tocaba todo, me detenía en su linga y sus bolas, después de varios orgasmos ya con el cuerpo más que sensible, me penetró, la sensación fue sublime, se movía rápido y duro, me manoseaba las tetas, me rasguñaba el pecho, me volteó colocando mi rostro contra la cama, paró mis nalgas y comenzó a golpearlas hasta que mis gritos eran de absoluto dolor, de alguna manera su dominación y fuerza me excitaban mucho, siguió cogiéndome por horas, me volteaba de un lado a otro, me metía los dedos, me besaba bruscamente, jalaba mi cabello, y no se corría, -¡ yo acababa cada diez minutos! que maravilloso, él podía coger y coger, no se cansaba y la chupaba delicioso, sin duda un excelente “fuck buddy”-, después de un rato más me cansé ,decidí dormir un momento, el teléfono sonó cerca de las dos de la tarde, teníamos que dejar la habitación,  nos toqueteamos una vez más, nos masturbamos mutuamente, aunque él acabó con su propia mano, observándome, sentí su licor  caliente y denso caer por todo mi cuerpo, se dio una ducha y partimos.

Tuvimos que salir de un hotel de paso a pie, Jerry se había llevado la camioneta, Omar no tenía batería en el teléfono y yo no tenía Uber, justo al salir la mirada de una joven morbosa en un auto rojo nos enfocó, la saludamos, los tres sonreímos.

Partimos en un taxi viejo de la ciudad, me llevó a casa, resultó que vivimos muy cerca, al día siguiente pasó a visitarme, fumamos un porro y bebimos una botella de vino en su auto, después de unos besos bien dados, metió su mano debajo de mis bragas húmedas y me clavó los dedos, respondí chupándosela, ahí a media calle aparcados casi afuera de mi casa, nos besamos de nuevo, y me marché. . .

Greta C. Navarro