Era lunes y yo despertaba con una resaca tremenda, de esas con las que no te dan ganas de levantarte de la cama, sin embargo decidí ir al trabajo, de cualquier forma no tenía que dar clases ya que  era día de exposición, así que no tenía que hacer nada más que acto de presencia.

Me paré, me di una ducha, serví dos termos grandes de café, uno de coca con hielo y tome las llaves del auto, iba temblando, por instantes pensaba que moriría, incluso estaba más que paranoica, tenia la sensación de estrellarme contra todos los autos, así que conduje a 40 hasta que llegue a mi destino.

Las clases transcurrieron en calma, nadie sospechaba de mi cruda, ya que la camufle con maquillaje y perfume, al salir no quería manejar, llamé a todos mis contactos cercanos para que fueran por mi o me enviaran a alguien que condujera, nadie podía, así que pensé ¡chingue su madre vámonos de regreso! subí al auto y de nuevo lo mismo; mi corazón latiendo rápidamente, la paranoia invadiéndome, mierda, no debería manejar en este estado, pinche Milla, te pasas de verga, te vas a matar, arrancaste con freno de mano, pendeja, me repetía mientras bajaba el freno de mano y escuchaba las balatas rechinar.

Para acabarla de chingar hacía un calor de la puta madre, no paraba de sudar, traía una camisa, la desabotoné hasta que se asomó el sostén, até mi cabello y seguí manejando, había un tránsito impresionante, cosa rara porque por lo general tomo un ruta muy despejada, recorrí unos diez kilómetros sin problema, avanzaba cada vez más lento, el sol se sentía más intenso a cada segundo, de repente paré por completo, periférico, Gustavo Baz, todo era un caos, no quedaba más que relajarse y esperar a que los autos comenzaran a ceder, apagué el auto junto a un oxxo, compré un par de cervezas y cigarros, regresé y todo seguía igual, sintonicé una estación de radio decente, subí el volumen y abrí mi cerveza, el conductor de al lado bajo de prisa, pensé que daría un sermón por beber y traer la camisa a medio cerrar, era bien parecido, más de un metro ochenta, brazos marcados, un tatuaje en la costilla que se dejaba entrever por su playera, ojos azules y cabello castaño:

  • Che, me darías una
  • ¿Eres de buenos Aires?
  • ¿Sos adivina?, siempre me dicen argento, pero jamás tan preciso.
  • Pues, conozco a varios de tus paisas

Estiré mi mano para darle una cerveza

  • ¿Me la tomo contigo?
  • Seguro

conversamos sobre puras sandeces mientras nos refrescábamos con la cerveza, la pista completa estaba parada, abrimos la segunda cerveza, el calor era más que intenso, veintidós grados, atorada en la pista y derritiéndome, después de la segunda cerveza, el pibe me dijo que me conocía,

 

-vivías en la Del Valle

Mierda, en efecto, resultó que éramos vecinos hacía un año.

-Siempre me pareciste bellísima, y mira ahora te tengo aquí sin un sólo lugar a donde escapar, y estoy bebiendo cerveza a tu lado

sí, así es la vida de irónica, supongo.

No había terminado la frase y su lengua ya se estaba paseando por mi boca, ¿Cómo carajo se supone que podría resistirme a eso? seguimos besándonos. Comenzaba a caer la noche, los policías avisaban que demorarían una hora más, resultó que un accidente dominó provocó el cierre de las vialidades.

Siguió besándome, saltó sobre mi y en un rápido movimiento hizo para atrás el asiento del conductor -en donde yo estaba- empezó a manosearme por debajo de la camisa

-Que tetitas más sabrosas las que tenés

Susurraba en mi oído mientras jugueteaba con mis pezones, yo sentía su verga dura por encima de mi pantalón, respondía a sus besos y lo tomaba por las nalgas, metió su mano debajo de mis bragas

  • ssss ahhh, pero que mojadita que estas mami

de alguna manera me calentaban en demasía sus evidentes pero acertados comentarios

  • ¿Querés que te coma la conchita?
  • sí qué
  • ¡si cómetela!

entre los autos y la afrodisiaca sensación de exhibicionismo me lamió el clítoris, me metía los dedos, era muy dominante, no dejaba hacer mucho, además era muy fuerte, tiró de mi cabello y me puso boca abajo, desenrolló el animal que guardaba en los pantalones y me la metió fuerte, tanto que incluso sangré,

  • ¡no me vayas a decir que eras virgen!
  • no bombón, es que eres una bestia
  • ¿y te gusta?¿Te gusta que te coja así?
  • Si, si, cógeme

El moviendo del auto nos delataba, aunque la obscuridad de la noche de alguna manera guardaba el anonimato, seguimos cogiendo, acabó en mis tetas, yo sobre todo el auto, y sobre él, descubrí que el squirting no era una leyenda urbana, en eso comenzaron a avanzar los autos, metió dos dedos en mi coño, los inhaló y chupó mientras sonreía y bajaba del auto

  • Espero que la vida nos vuelva a encontrar ha sido maravilloso guapa…

Me reincorporé aún con espasmos y miradas morbosas, ahora sólo podía pensar en que me acababa de correr, conduje con una gran sonrisa a casa y sin saber su nombre.

Greta C. Navarro