Su dulce sabor aún lo siento en mis labios, mi lengua experimentó la extaciante sensación de su clítoris. El líquido vital que brotaba de ella me hacía temblar de placer. Mis manos posaban sobre su cintura mientras los orgasmos emanados se apoderaban de ella; yo sentía como la temperatura aumentaba y cada vez que ella gemía, sentía la necesidad de penetrarla como nunca antes.

Cuando se es pequeño, uno cree en todo lo que le dicen, creces con ciertos paradigmas inculcados en el hogar. Obviamente cada uno es resultado de lo que ve a su alrededor; es allí donde se nos priva de los placeres de la vida.

Con placeres de la vida me refiero simplemente a eso, todo lo que la vida te permita absorber, que te permita experimentar y crecer. Aquél o aquella que diga que nunca se fue de pinta aunque sea una vez en su etapa escolar, me parece algo bizarro. Aquél que diga que nunca ha probado una sola gota de alcohol, me parece mentira; peor aún, aquél que diga que nunca ha tenido sexo, o por su parte, aquél o aquella que diga que nunca se ha tocado, masturbado,  experimentado el placer carnal del coito, me parece algo insólito.

No imagino la vida sin la experimentación, no necesariamente exponer tu vida al irte de pinta, emborracharte al límite de perder la consciencia, coger con cuanta persona se cruce en tu camino a sabiendas de que ello puede representar un problema si no se hace con precaución, sino me refiero a que no concibo la idea de la evasión del completo disfrute. Los placeres están en todos lados y en todo momento, en lo personal tengo algunos específicos que detonan mi potencial al máximo cada vez que me encuentro frente a ellos.

El sexo, por ejemplo, es de esos placeres a los que uno debe entregarse sin regatear en el disfrute. Debe ser pasional, experimental y en mi caso, inhibidor. Es este el momento en el que todo pensamiento ajeno al momento debe estar fuera de tu mente.

Debes ser tu mismo, debes dejar los miedos atrás, las prohibiciones, todo aquello que te impida derrochar lo más pasional de tus instintos.

Todo avanza conforme a nuestros impulsos lo permiten. Deslizo mis manos por debajo de su cuello, jugueteo con mis dedos sobre su espalda, el broche de su sostén me estorba y prosigo a quitarlo de mi paso, mis manos bajan con delicadeza los tirantes del mismo. Ella aproxima sus manos a mi pantalón, me siento despojado, las ganas de sentirnos uno dentro del otro son tan grandes que de un solo tirón se adueñó de mi ropa interior.

¿Tiene uno idea de cómo va a culminar el momento? Obviamente la respuesta es no. Disfrutar es entregarse en el acto al 100%, esperar el desenlace que mejor se adecúe. Las posiciones sexuales permiten crear el vínculo perfecto de la pasión carnal, son el placer, el derroche, la experimentación misma; aquella con la cual sus piernas posan sobre mis hombros y ambos sentimos nuestra pelvis chocar una con la otra.

Sus curvas preciosas, su cara, su cabello, sus labios, sus ojos, sus pechos, su ombligo, su vagina, el lunar de su nalga derecha, sus piernas, ella, toda ella es la pasión, el coito, libido, el sexo perfecto, el sexo experimental. Es ella mi musa, mi inspiración y mi momento.

Entra aquí la parte experimental de la vida, entregarte, hacer y decir sin hacer daño, sin obligar, sólo disfrutar por completo del placer sexual. Todo esto es experimentar.

Josué Emmanuel Serna Márquez