Hace apenas unos días me encontré en la red con una invitación a participar en una marcha a favor de la iglesia de satán, cosa que me pareció totalmente irrisoria y contradictoria, en realidad dudo que se haya realizado realmente. No encontré mayor información ni notas al respecto y es que para la sociedad mexicana el tema del satanismo como religión sigue siendo algo totalmente desconocido y mal interpretado.

Quizá uno de los filósofos americanos modernos más brutalmente honesto y realista que ha nacido fue Howard Stanton Levey quien posteriormente cambiara su nombre a Anton Szandor LaVey, en realidad  para casi todo el mundo este personaje  no es más que un tipo muy extraño en el mejor de los casos o bien un completo desconocido en casos extremos de falta de cultura general. Estoy totalmente seguro que a los millennials  mexicanos, ni siquiera les suena el nombre y que más del 90 % de las personas a las cuales supuestamente les atrae el ocultismo, el misticismo  y ese tipo de temas, no han tenido el mínimo acercamiento con un ejemplar de la biblia satánica, escrita precisamente por  LaVey  quien a través de ella, lanzó un desafío descarado a las religiones tradicionales y pronunció el orgullo de la auto-adoración mediante la  fundación de la religión menos entendida y por ende más temida: El Satanismo.

 

Anton nació en Chicago en 1930 y desde pequeño manifestó su gran habilidad musical interpretando diversos instrumentos, el que siempre le gustó más fue el piano aunque sabía interpretar muchos otros, durante alguna etapa de su vida su principal sustento  económico fue gracias a la interpretación del Calíope y  tocando el órgano en bares, también trabajó como domador en un circo y  como asistente de mago.

Anton LaVey comenzó a recorrer su siniestro sendero  desde muy pequeño, los relatos sobre vampiros, espíritus y demonios que le solía contar su abuela originaria de Transilvania, ofrecieron a LaVey el primer conocimiento de las  supersticiones y tradiciones de la vieja Europa, con el pasar de los años se convirtió en un gran lector y devoró una enorme cantidad de libros, entre sus numerosas lecturas los manuales de hipnotismo eran de sus preferidos, despreció la mayor parte de los libros de ocultismo por considéralos simple y llanamente  hipócritas y simple magia blanca.

Decidió casarse en 1951 con Carole Lansing a la edad de 21 años con la que procreo a su primogénita Maritza, posteriormente tuvo numerosas amantes entre las que destacan dos símbolos sexuales del momento Jayne Mansfield y Marilyn Monroe,  también durante su juventud, se matriculo en criminología en la ciudad de San Francisco y trabajo como fotógrafo de nota roja mientras continuaba con su autodidaxia en las Artes Negras. Anton LaVey decidió fundar  la Iglesia de Satán el 30 de abril de 1966 pues  según su sistema religioso, este día es el año I del reino de Satanás.

La iglesia de Satán rechaza de manera absoluta la idea típica del demonio tal y como lo representan las demás religiones y de hecho acusa de estúpidos los sacrificios y dice que existen cristianos ignorantes adoradores del diablo que erróneamente piensan ser satanistas.  Para Anton Szandor LaVey ser un verdadero satanista es ser un hombre libre, inteligente, orgulloso, fuerte, que no se reprime ante nada ni se humilla ante nadie, en ese sentido no es un sistema filosófico que se pueda practicar por las masas, los satanistas no se valen de marchas y no piden que se reconozcan sus derechos, los ejercen y los ponen en práctica, para un satanista no existen las palabras prohibición y permiso.

En México abundan las malas interpretaciones efectuadas por  el común de las personas y quienes convocaron a esta movilización pertenecen seguramente a ese gran grupo. Anton LaVey dejo un respetable legado y una digna bibliografía que todos aquellos que compartieron en redes sociales dicha invitación, seguramente nunca han consultado y es más ni siquiera tenían idea de su existencia. La iglesia de satán es un sistema filosófico, un sistema de creencias bien fundamentado y una forma de vivir la vida en libertad plena, no un juego de niños o adultos ignorantes.

Emmanuel Ortega.