Queridos lectores hace ya un rato que no nos vemos, esto se debe en gran parte a que mi querida computadora empezó su lenta y agonizante muerte por lo que quedo sin internet y me ha costado mucho trabajo actualizar esta sección a través de celulares y compus extrañas.

Sin embargo la verdadera razón se debe a que desde hace ya varios meses vívo bajo el yugo del alcohólico que alguna vez fuera mi hermana. Y los constantes gritos, ataques y agresiones  pues me han quitado todo lo que se refiere a una vida tranquila, social y productiva.

Pero dado que ustedes son familia (y si paso una semana más sin escribirles algo ya sería ridículo) así que les presento de primera mano el día a día de vivir con un adicto. Empecemos por lo mejor, aquel que dijo que es necesario dormir 8 horas no sabía de lo que hablaba, más de 3 horas de sueño es para mariquitas, todo lo mejor pasa en la madrugada a eso de las 3:30am cuando te despiertan los gritos del cuarto de alado “me duele”, “me duele” obligándote a pelear por horas con el teporochito en lo que le hacen efecto todas las pastillas y el litro de “Tonayan” que se tomó.

Cuando te das cuenta ya son las 8:00am y te está gritando para que le traigas más de su “cosito”, eso si tienes la buena suerte de que no se despierte antes que tú, se robe tu dinero y se escape al OXXO más cercano, que para colmo tenemos 2 a una cuadra.

Así que te pones unos jeans, una sudadera y te vas tambaleando a la tienda más cercana agradeciendo la tranquilidad y el silencio en esos pocos minutos de calma antes de la tormenta.

Una vez que llegas al OXXO ya ni siquiera tienes que pensar, ya por instinto tomas 2 cuartitos de “Tonayan” dejas tus $50 pesos y te preparas para regresar a la pelea.

Aun no terminas de abrir la puerta cuando ya escuchas los gritos nuevamente y los insultos exigiéndote su “cosito” porque eso sí, nunca lo llaman de por su nombre. Ahora resulta que le duele el coxis por una factura imaginaria y necesita más y más alcohol para el dolor, el mes pasado era cáncer en los ovarios, solo queda preguntarme que le dolerá mañana.

No son ni 6 semanas de que regreso de la clínica donde estuvo internada después de atacar y descalabrar a nuestra madre de 66 años por no querer darle más alcohol, y pareciera que nunca se fue. El estrés sigue a la orden del día, pasan los días, las semanas y te das cuenta que nadie en la casa ha hecho otra cosa que pelear o cuidarla.

Ni se te ocurra salir porque cuando regresas ya rompió toda la vajilla y se tomó el alcohol etílico que tenías guardado en el cajón de las medicinas. Y si por asares del destino te llega a visitar alguna amistad, ojala sea un amigo cercano porque si no, ten por seguro que no regresara, si los gritos en el otro cuarto no la ahuyentan sin duda los muebles orinados si lo harán.

Porque esa es otra, no se quedan en un solo lugar de la casa, se dan vueltas por todos lados durmiendo donde caen desmayados a causa de las drogas y el alcohol y no crean que se paran al baño, parece ser que lo que más les gusta es hacerse pipi en la cocina mientras buscan en el refrigerador por algo que comer, porque lo único que hace con el mismo entusiasmo que beber, es comer.

El problema no solo se ve en los muebles orinados, sino también en el ambiente familiar (o lo que queda de él), puesto que es una pelea constante entre los miembros de la familia por echarse la culpa de la situación o tratar de zafarse de tener que quedarse otra noche a cargo de ella y que decir del sentimiento de impotencia ante la enfermedad que muy lentamente va destruyendo a la familia.

Que decir de los problemas indirectos que se presentan al vivir con un alcohólico, como por ejemplo tener todos los coches chocados, tener que cerrar todas las puertas y vivir como encarcelado en tu propia casa, constantemente “perdiendo” todas tus cosas de valor, y esas ocasiones donde se desaparece por 5 días y la policía la encuentre chupando en un motel de 3ra con un argentino gordo cincuentón. Uno de los tantos personajes de gran “valor” que conocen en las “granjas” y juran se aman y se van a casar, eso si siempre y cuando haya dinero para el chupe.

Realmente es una pena como este tipo de comportamientos hacen que una persona a la que amas se convierta en una carga, un peligro y la razón de todos tus problemas, para finalmente ser un teporochito que vive contigo y hace de tu vida un infierno.

¿Pero que se puede hacer cuando las clínicas de rehabilitación ya no la quieren recibir, los doctores y psiquiatras no parecen ayudar y todas las opciones apuntan a que solo ella puede decidir cuándo curarse o seguir en el mismo camino hacia una muerte lenta pero segura?

Desgraciadamente nada, solo queda aguantar y luchar por el regreso de quien es, quieras o no un miembro de tu familia. Así que ya lo saben amigos, a esto se debe en gran parte que no haya escrito antes y espero no haberles quitado mucho tiempo mientras me desahogo a sus expensas.

Misha Pola