El pasado fin de semana me encontraba visitando a un amigo en la respetable delegación de “Iztapalacra”y después de echar el desmadre y unos cuantos chupes ya era muy tarde y decidí regresar a mis rumbos en un taxi.

Sin duda fue un largo camino hasta la “del Valle” y para evitar quedarme dormido y despertar en una tina de hielos empecé una plática con el chofer a quien llamaremos “Juan” un señor de 50+ años con 20 años detrás del volante de un taxi; mientras esperábamos el siga en una esquina, note que afuera de un cajero se encontraban dos señoritas casi uniformadas con vestidos de color azul, muy entallados y con unos tacones que si se caen se descalabran, cuada una parada a los lados de la entrada del banco.

Le pregunte a Juan que si era mejor trabajar los fines de semana, me comento que “siempre y cuando ya tengas tus clientes” y me hizo un gesto dirigiendo mi mirada de vuelta hacia las “señoritas” buscando una cita entre los hombres que entraban a usar el cajero.

Le pedí que me contara un poco más a detalle a que se refería, y feliz de tener alguien que se interesara por su historia no paro de hablar hasta que llegue a mi casa una hora veinte después.

Me comento que un jueves por la noche le hizo la parada una señorita, que se notaba clarísimo que era una prostituta y le pidió que la llevara a un hotel ahí por “la Roma”, el así lo hizo y platicando en el trayecto sobre el clima y cualquier otra charla de relleno para hacer que el viaje se sintiera más corto. Sin embargo ella no platicaba mucho, solo ponía atención a su celular que sonaba constantemente. Una vez en el hotel la señorita le propuso a Juan que si la esperaba le pagaría $200 pesos extras.

Un par de horas después la “señorita” salió de una habitación subió al taxi y se terminó de arreglar nuevamente su peinado y retocarse el maquillaje, comenta “Juan” que para esto ya eran las 12 de la noche y que la mujer le comento que aun tendría un par más de reuniones y que si quería continuar como su chofer por las próximas horas. Así paso esa noche hasta las 3 o 4 de la mañana llevando a la “Damita” a otros moteles en “Insurgentes” y la “Condesa”.

Al terminar la noche, había ganado $900 pesos por una jornada de trabajo en comparación a su mejor noche en la que ganaba $400 aproximadamente, por lo que “Juan” decidió proponerle a la señorita que él podría ser su chofer cuando lo necesitara nuevamente ella o alguna de sus amigas.

Al poco tiempo “Juan” dedicaba sus noches de fin de semana para transportar a “María” y sus amigas por toda la ciudad, por unas semanas todo salió a la perfección ganaba mucho más dinero en menor tiempo y en un par de ocasiones en las que alguna señorita no lograba juntar la cantidad acordada por el transporte, no dudaban en darle un “incentivo” por un descuento.

Sin embargo poco después de un mes de ser chofer de este grupo de amigas, “María” comenzó con que no estaba alcanzando a cumplir su cuota y que no tenía dinero para pagarle “y pues cóbrate” y cuando “Juan” comenzó a regresar a casa con su señora y sin el dinero pues ya no era tan divertido cobrarse de otra manera por lo que decidió borrar los números de “Maria” y compañía y ahora se mantiene al margen de este tipo de arreglos.

Finalmente llegamos a mi destino, le agradecí a “Juan” por el servicio, la historia y sobre todo la recomendación de varios hoteles para llevar a las “novias”, así que estén pendientes de la reseña de los mejores “nidos de amor” próximamente en SHOUT.

Misha Pola