Desperté en un departamento desconocido en la Nápoles cerca del mediodía, lo último que recordaba era haber salido de una fiesta en la condesa, me había metido coca, ácidos, mota y  mucho alcohol. Estaba acostada en un sofá en la estancia, había decenas de envases de cerveza, vino, whisky, toques a la mitad y muchas colillas de cigarro.

Estaba con un edredón, mientras observaba el lugar intentando recordar que coño había pasado, reconocí un sostén tirado a media habitación, era mío, levanté el edredón y estaba desnuda, me ardía todo el cuerpo, era una sensación extraña, en eso estaba cuando unos brazos fuertes me rodearon la cintura:

-Buenos días Milla, ¿Cómo dormiste?

-Bien, supongo.

Mierda, tenía ganas de preguntar ¿Y tú eres?, pero no pude, primero quería saber qué carajo había pasado, voltee lentamente y muy temerosa para  mirar el rostro de aquellos brazos, rogándole a Dios que el tío fuera bien parecido, lo miré y para mi sorpresa era muy guapo: morocho, de ojos obscuros y barba cerrada, lo miré por unos segundos y me besó:

-Jamás había estado con una mujer como tú

-¿A qué te refieres?

-Ya sabes tan abierta y flexible, que obedece sus pulsiones

Guarde silencio y continué besándolo

-¿Tienes hambre?, ¿Qué quieres que te preparé?

  • Lo que sea está bien

Puso café recién molido y preparó panqueques con tocino, -deliciosos por cierto- estábamos en la mesa disfrutando del desayuno e intercambiando un par de palabras cuando uno su roomie salió de su habitación con sólo unos bóxers muy pegados que no dejaban mucho a la imaginación

  • ¿Hola, hola, cómo están?
  • Bien, contestamos de manera simultánea mientras se acercaba a nosotros

Al llegar a la mesa, se acercó a mí y me plantó un gran beso mientras acariciaba mi cabello, segundos después se sentó con nosotros con total naturalidad, continúe comiendo. El desayuno transcurrió en calma, yo no recordaba el nombre de ninguno de los dos, quería irme a casa, me sentía cansada y muy confundida, pero al tiempo muy intrigada, así que me quedé un rato más.

“El roomie” paseaba por el apartamento, dijo que se bañaría, yo estaba acostada en la sala con el chico con quien desperté, caminó hacía mí y me tomó de la mano, ¿Quieres bañarte? miré con asombro y desconcierto al chico con que estaba acostada, él sólo me miró consintiendo la situación, el roomie me tomó de la mano y me llevó al baño, me desabotonó la camisa que me cubría suavemente, mientras me besaba el cuello y paseaba sus manos por mis pechos calientes, y se llenaba la tina. Me tocaba lento, muy lento, tocaba mis nalgas, estrujándolas un poco, comenzó a recorrer mi piel con su lengua, cada espacio, cada rincón, agitó mi pulso en demasía mi excitación era inaguantable. Le quité los bóxers, respondiendo a su impulso, comencé a masturbarlo mirándolo fijamente, él me respondió de la misma manera, metió los largos y pálidos dedos lo más profundo que pudo, haciendo movimientos que jamás había sentido, mi placer era total, me hinqué ante él y me metí su verga hasta el fondo de mi garganta, paseando la lengua alrededor de su duro falo, tomó mi cabello y tiró con fuerza para controlar los movimientos de mi boca en su pene, parecía disfrutar la manera en que me ahogaba, de hecho lo hacía, me tapó la nariz, era imposible respirar, aún así no paré, continué asfixiándome  con su miembro hasta que decidió liberarme, me encantó la sensación de poder que ejercía sobre mí, jugar el rol de la mujer sumisa.

La tina por fin estaba llena, puso esencia de lavanda y encendió un par de velas, entró a la bañera, yo estaba ahí desnuda y vulnerable:

-Ven y ponme esa conchita* mojada en la cara

De inmediato me incorporé sobre de él haciendo justo lo que me pedía, puse mis piernas sobre las orillas de la tina, dejando mi vulva abierta, realmente me folló con la lengua, estaba realmente caliente, me succionó durante unos 10 minutos, después me volteó contra la pared fría y me cogió como si no hubiera mañana, mis gritos ocupaban el espacio de todo el apartamento, sin embargo logré escuchar la puerta del baño abrirse, era el individuo del sofá, desnudo y muy erecto, se integró a la fiesta, uno me chupaba las tetas mientras el otro me comía el coño, yo se la chupaba a uno y masturbaba a otro, uno se sentó en la orilla de la tina, me sentó sobre él, el otro me metió la lengua casi hasta el esófago, yo estaba fascinada, excitada y muy sorprendida, sentía que todo era un sueño, me lavaban el pecho, las nalgas y la vulva mientras me cogían, salimos de la bañera y fuimos a la estancia, desnudos, mojados y muy calientes, había un ventanal enorme que daba hacia la calle, no había cortinas, uno de ellos armó unas líneas sobre mi cuerpo, el otro fue a su habitación y regresó con una pistola, me asusté al verlo, pero intenté disimularlo

-¿Te gustan las armas flaca?

-Sí, supongo que si

-¿Has disparado alguna?

-Si en varias ocasiones

  • Y la has sentido así…

Me clavó la pistola en la vagina y comenzó a masturbarme con ella, el otro chico me detuvo contra la ventaja, desnuda, separó mis piernas mientras me preguntaba una y otra vez

-¿Así te gusta perra?

Yo estaba consternada, pero muy mojada, era evidente que me gustaba, me gustaba el exhibicionismo, ser sometida, y tener el cañón de un arma masturbándome, con dos desconocidos, uno de ellos tomó mis manos y las puso detrás de mi espalda de manera que era imposible moverme, me metía el cañón más profundo, el otro separó mis nalgas y escupió entre ellas, me clavó los dedos en el culo mientras me mordía con tal fuerza que sentía que me arrancaría la carne con los dientes. Sacó el cañón y me lanzó sobre el sofá, comenzó a abofetearme, me lamía el rostro y me pegaba.

-¿Quieres que te cojamos?

-Sí si quiero

Uno de ellos se recostó en el sillón y me puso sobre de él

-Cógeme putita

Obedecí, lo monté como una bestia, el otro me grababa, haciendo acercamientos nada sutiles en mi vagina, tetas y rostro, me metía los dedos a la boca como si fueran pequeños falos que deseaban ser mamados, cuando no pudo contener más su excitación, me dobló sobre el pecho de mi potro, colocó una línea de coca sobre mis nalgas, inhaló, me dio una pequeña montaña con su mano, la inhalé por completo, y me cogió por el culo, entre los dos me cogían cual bestias salvajes, mis gritos eran incontenibles, mientras estaban dentro de mi me rasguñaban, golpeaban y tiraban de mi cabello, el placer era total.

Por fin terminaron, uno sobre mi cara, el otro entre mis nalgas, y yo, yo me corrí sobre los dos en cuanto salieron de mi.

Encendimos un porro, vimos Naked Lunch y después partí.

-Ha sido fabuloso, cuando quieras sabes en donde encontrarnos

Fue la última frase que escuche antes de que cerrara la puerta del ascensor, jamás los volvía a ver.

Greta C Navarro